Así es un proceso de EMDR, paso a paso (caso ilustrativo)
Para explicar cómo funciona el EMDR en la práctica, a veces resulta más claro ilustrarlo con un ejemplo. El caso que sigue es ficticio y compuesto: no corresponde a ninguna persona real, sino a una combinación de situaciones habituales en consulta, con el objetivo de mostrar cómo suele desarrollarse este tipo de proceso terapéutico, respetando siempre la confidencialidad de nuestros pacientes reales.
El punto de partida
Imaginemos a “Laura”, de 34 años, que acude a terapia porque, aunque su relación de pareja actual es estable, siente una ansiedad desproporcionada cada vez que su pareja tarda en responder a un mensaje. Sabe racionalmente que no hay motivo de preocupación, pero el malestar es intenso: taquicardia, pensamientos catastrofistas, necesidad urgente de confirmación. Ya ha hablado de esto en otras terapias, entiende de dónde viene, y aun así el patrón se repite.
Fase de historia y preparación
Las primeras sesiones se dedican a entender la historia de Laura y a identificar el origen probable de esa reacción: en su infancia, uno de sus progenitores tenía episodios de ausencia emocional impredecible, sin explicación ni aviso. En esta fase también se trabajan recursos de estabilización —respiración, un “lugar seguro” imaginado— para asegurarse de que Laura cuenta con herramientas de regulación antes de abordar el recuerdo con más profundidad.
Fase de procesamiento
En sesiones posteriores, se identifica un recuerdo específico de la infancia asociado a esa sensación de “no saber si vuelven” y se trabaja con estimulación bilateral mientras Laura mantiene la atención en ese recuerdo y en las sensaciones asociadas. A lo largo de varias sesiones, el recuerdo va perdiendo intensidad emocional: sigue estando ahí, pero deja de sentirse tan “presente” y perturbador.
Fase de instalación e integración
Progresivamente, se trabaja para que Laura pueda asociar ese recuerdo con una creencia más adaptativa (“aquello ocurrió y no fue culpa mía; hoy puedo confiar en relaciones estables”) en lugar de la creencia original (“si alguien se aleja, es porque voy a quedarme sola”). Con el tiempo, Laura empieza a notar que la ansiedad ante los silencios de su pareja disminuye de forma notable, sin necesidad de “convencerse” racionalmente en cada ocasión: el cambio ocurre a un nivel más profundo.
Lo que este caso ilustra
Cada proceso de EMDR es distinto y se adapta al ritmo de cada persona; puede durar más o menos sesiones según la complejidad de la historia. Pero este ejemplo ilustra algo común a muchos procesos: no se trata de “hablar más” sobre el problema, sino de ayudar al sistema nervioso a reprocesar la experiencia que originó esa respuesta automática, para que deje de activarse ante situaciones actuales que ya no representan una amenaza real.
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