Las 8 fases del EMDR, explicadas de forma sencilla
El EMDR no es una técnica suelta, sino un protocolo estructurado en ocho fases, diseñado por Francine Shapiro para asegurar que el procesamiento de las experiencias difíciles se haga de forma segura y ordenada. Conocer estas fases ayuda a entender que no se trata de “empezar directamente por el recuerdo doloroso”, sino de un proceso cuidadosamente preparado.
Fase 1: Historia clínica y planificación
El terapeuta recoge la historia de la persona, identifica los recuerdos, situaciones actuales y patrones futuros que van a trabajarse, y valora si la persona cuenta con los recursos internos necesarios para iniciar el procesamiento con seguridad.
Fase 2: Preparación
Se explica en qué consiste el EMDR y se entrenan recursos de estabilización: técnicas de respiración, un “lugar seguro” imaginado, y estrategias para regularse si la activación emocional resulta demasiado intensa durante el proceso. Esta fase es clave para que la persona se sienta acompañada y segura antes de abordar el contenido más difícil.
Fase 3: Evaluación
Se selecciona el recuerdo concreto a trabajar y se identifican sus componentes: la imagen que lo representa, la creencia negativa asociada (“no valgo”, “no estoy a salvo”), la creencia positiva que se desea instalar, las emociones y sensaciones corporales presentes, y el nivel de perturbación inicial (medido en una escala de 0 a 10).
Fase 4: Desensibilización
Es la fase central: mientras la persona mantiene la atención en el recuerdo, se aplica la estimulación bilateral (habitualmente movimientos oculares, aunque también puede ser con sonidos o golpecitos alternos). El objetivo es que el nivel de perturbación asociado al recuerdo vaya disminuyendo progresivamente.
Fase 5: Instalación
Una vez reducida la carga emocional del recuerdo, se refuerza la creencia positiva que la persona quiere asociar a esa experiencia (“aquello pasó, y hoy estoy a salvo”), fortaleciendo esta nueva conexión.
Fase 6: Escáner corporal
Se revisa si queda alguna tensión física residual asociada al recuerdo, ya que el trauma no solo se procesa a nivel cognitivo, sino también corporal. Si aparece tensión, se continúa trabajando hasta que el cuerpo también refleje esa sensación de resolución.
Fase 7: Cierre
Cada sesión se cierra asegurando que la persona termine en un estado de relativa calma, utilizando los recursos de estabilización trabajados en la fase de preparación si el procesamiento no ha quedado completamente resuelto en esa sesión.
Fase 8: Reevaluación
Al inicio de la siguiente sesión, se revisa cómo ha evolucionado el recuerdo trabajado y si han surgido nuevas asociaciones o material relevante, para decidir cómo continuar el proceso.
Por qué esta estructura importa
Este orden no es casual: garantiza que la persona cuente con recursos de regulación antes de exponerse al contenido más difícil, y que cada sesión cierre de forma segura, evitando que la persona salga de consulta con una activación emocional sin resolver. Es un proceso gradual, respetuoso con el ritmo de cada persona, y siempre guiado por un profesional con formación específica.
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