19 Sep Apego y primeros días de guardería: entendiendo las dificultades
El inicio de la guardería o escuela infantil suele ser un momento cargado de emociones. Para algunas familias es la primera vez que se separan de su hijo o hija durante varias horas al día, y no es raro que aparezcan dudas, miedos o sentimientos de culpa. Desde la psicología, una de las claves para comprender lo que ocurre en esta etapa es el apego.
El apego es el vínculo emocional profundo que se establece entre el bebé y sus figuras de referencia, generalmente madre, padre o cuidadores principales. Se construye a través de la disponibilidad, la sensibilidad y la respuesta coherente a las necesidades del niño. Gracias a este lazo, el pequeño aprende que puede confiar en que alguien estará ahí cuando lo necesite, lo cual le brinda seguridad para explorar el mundo.
¿Por qué cuesta separarse? Cuando llega el momento de empezar la guardería, ese vínculo seguro se pone a prueba: el niño experimenta la ausencia de la persona con la que se siente protegido. Es normal que llore, se aferre o proteste, porque su manera de expresar miedo o malestar es a través de la conducta. Este proceso se llama ansiedad por separación y suele aparecer entre los 8 y los 18 meses, justo la edad en la que muchos niños inician la escolarización.
Dificultades frecuentes
- Llanto intenso al dejarles: no significa que lo pasen mal todo el día, sino que necesitan tiempo para adaptarse a la transición.
- Rechazo temporal a la guardería: algunos niños se muestran reacios a entrar, aunque dentro se calmen pronto.
- Cambios en el sueño o la alimentación: el estrés de la separación puede afectar otros hábitos.
- Mayor demanda en casa: buscan más contacto físico, juegos o cercanía con sus padres.
Todo esto forma parte de un proceso natural. La intensidad varía en función de la edad, el temperamento y, sobre todo, del estilo de apego que se haya ido construyendo. Para los padres, también es un reto. Pueden sentir angustia al dejar a su hijo llorando o cuestionarse si están haciendo lo correcto. Reconocer que estas emociones son normales ayuda a afrontarlas sin sentirse culpables. La guardería no sustituye el vínculo afectivo, sino que lo complementa, ofreciendo al niño nuevas experiencias y relaciones significativas.
Los primeros días requieren paciencia y acompañamiento. La mayoría de guarderías planifican un periodo de adaptación progresivo para que la separación no sea brusca. Esta transición facilita que el niño vaya conociendo el espacio, a los educadores y a los otros niños en un entorno seguro.
En resumen, empezar la guardería puede ser un desafío tanto para los pequeños como para sus familias. Entender cómo funciona el apego y qué reacciones son esperables permite transitar este proceso con más calma. El llanto, la protesta o el nerviosismo no son señales de que algo vaya mal, sino expresiones naturales de un vínculo que sigue estando presente, incluso en la distancia.
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