28 Ago Por qué mi cuerpo nunca se relaja
Hay personas que, aunque su vida “esté bien” y no haya ningún peligro real presente, sienten que nunca terminan de relajarse del todo. Cuesta conciliar el sueño, cuesta desconectar en vacaciones, cuesta disfrutar de un momento de calma sin que aparezca cierta inquietud de fondo. Si te identificas con esto, no es falta de voluntad ni “no saber descansar”: suele ser el sistema nervioso funcionando en un modo de alerta que aprendió hace tiempo y que todavía no ha actualizado.
El sistema nervioso autónomo, en pocas palabras
El sistema nervioso autónomo regula funciones que no controlamos conscientemente, como el ritmo cardíaco o la respiración, y tiene dos grandes modos: uno de activación (simpático), que nos prepara para actuar ante una amenaza, y uno de calma (parasimpático), que permite descansar, digerir y recuperarnos. En condiciones saludables, ambos se alternan con fluidez según lo que necesitamos en cada momento.
Cuando el sistema se queda “atascado” en alerta
Cuando una persona ha vivido experiencias de estrés intenso o sostenido —especialmente si fueron impredecibles o no hubo forma de protegerse—, el sistema nervioso puede aprender a permanecer en un estado de activación de base, como medida de protección. El problema es que, una vez aprendida, esta respuesta no siempre sabe “desconectarse” cuando el peligro ya no está presente. El resultado es una sensación de alerta continua, incluso en contextos objetivamente seguros.
Cómo se manifiesta
- Dificultad para conciliar el sueño o sueño poco reparador.
- Tensión muscular sostenida, aunque no haya esfuerzo físico.
- Sensación de “no poder bajar el ritmo” ni en el descanso.
- Incomodidad ante la calma (paradójicamente, algunas personas se sienten más “raras” tranquilas que activadas).
- Fatiga acumulada, porque el cuerpo gasta energía manteniendo ese estado de alerta constante.
¿Se puede reeducar al sistema nervioso?
Sí, aunque no ocurre solo con “proponérselo” ni con técnicas de relajación aisladas, si no se acompañan de un trabajo más profundo. Terapias especializadas en trauma, como el EMDR, ayudan a que el sistema nervioso reprocese las experiencias que originaron ese estado de alerta. A esto se pueden sumar prácticas que favorecen la activación del sistema parasimpático en el día a día —respiración lenta, contacto con el cuerpo, movimiento consciente—, que no sustituyen el proceso terapéutico, pero sí pueden ayudar a sostenerlo.
Si sientes que nunca terminas de relajarte, no es un rasgo de tu personalidad: es una respuesta aprendida, y como tal, se puede trabajar.
En Orukami Psicología contamos con formación específica en trauma para ayudarte a regular estos estados de alerta sostenida. Si quieres saber más, puedes consultarnos aquí.
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